1. Los Obispos de Centro América, reunidos en Santa Tecla, El Salvador, para nuestra Asamblea Anual del SEDAC, del 25 al 29 de noviembre de 2002, agradecemos al Dios de la Vida y Padre de todos, el don de haber orado, reflexionado, convivido y trabajado juntos, compartiendo cada uno desde nuestro corazón los gozos, las esperanzas y las angustias de nuestras Iglesias Particulares.
Damos gracias a Dios porque constatamos con gran alegría la existencia de innumerables comunidades parroquiales y movimientos apostólicos que viven maduramente su fe haciéndose solidarias y misioneras en su común vocación a la fraternidad y al intercambio. ¡Que el Dios de la paz y la esperanza esté con todos ustedes!
Nos preocupa, grandemente, la presencia de factores que perturban y amenazan la paz en nuestras Iglesias Particulares, tales como: el creciente desempleo, las migraciones, el aumento de la deuda externa e interna, la brecha siempre creciente entre ricos y pobres, la poca credibilidad de las instituciones públicas, la agresividad de diversas sectas y de nuevos movimientos religiosos, la violencia de grupos delincuenciales, del crimen organizado y del narcotráfico.
2. Hemos acogido con gozo la presencia de una delegación de hermanos Obispos y laicos de la Iglesia Católica en Estados Unidos de América. Ello ha puesto en evidencia la unidad de la Iglesia Católica en todo el continente americano, renovando la experiencia vivida en el Sínodo de Obispos para América. Dicha delegación había visitado ya Guatemala y Honduras, y ahora El Salvador, manteniendo diversos encuentros con diferentes sectores de la sociedad civil y autoridades gubernamentales para obtener de primera mano informaciones sobre la realidad que viven dichos países.
Su intención fue escucharnos y lograr así que la Iglesia Católica en América tenga una sola voz que, con claridad y contundencia, anuncie el Evangelio de la Vida y denuncie todo cuanto se le oponga.
En el diálogo con esta delegación, analizamos el fenómeno de la globalización económica y sus efectos, particularmente la creciente emigración. A causa del empobrecimiento, muchísimos centroamericanos se ven obligados a salir de sus lugares de origen, para buscar en el extranjero mejores condiciones de vida. Subrayamos las implicaciones negativas de ese fenómeno: el desarraigo cultural, las frecuentes y humillantes deportaciones, el deterioro de la familia de origen. Sin embargo, reconocemos también su peso extraordinariamente positivo en la economía familiar de los países de procedencia. Queremos urgir a las autoridades responsables en Estados Unidos y Costa Rica a lograr una legislación que favorezca la normalización legal de los millones de inmigrantes no documentados. Si no se lograra, veríamos incontables deportados con consecuencias indecibles para los países de origen.
Igualmente verificamos innumerables abusos de derechos humanos que parecieran no tener solución y nos hacen experimentar una cierta debilidad frente al poder desmesurado de los grandes de este mundo. Sin embargo, eso no nos desanima pues tenemos fe en la fuerza de la Palabra de Dios y estamos convencidos de que Cristo es el Señor de la Historia, que asume como propios los sufrimientos de nuestros hermanos emigrantes.
No debemos olvidar, a pesar de todo, la presencia positiva y determinante de los hispanos en la Iglesia Católica en los Estados Unidos, con el aporte característico de su "fe cariñosa". Sabemos que ellos representan ya un alto porcentaje de los católicos de esa gran nación.
3. Los informes presentados por las Iglesias Particulares de Centroamérica (Diócesis, Prelaturas, Vicariatos Apostólicos) evidencian puntos de convergencia y, a la vez, de diferencias. Frente a una situación de pobreza generalizada, que está afectando más y más a todos los países de Centro América, constatamos una cierta mejoría en algunos aspectos. Mientras que el fenómeno de la migración de El Salvador, Guatemala y Honduras se dirige al Norte, el de Nicaragua se hace creciente hacia el Sur. Tenemos regiones de alta alfabetización y educación formal, en contraste con la situación de difundido analfabetismo en otras.
En todos los países de Centro América, está aumentado la distancia entre los ricos y los pobres, a pesar de cierto aumento de la riqueza global. Constatamos un creciente deterioro de los valores, particularmente del valor de la familia; un aumento de la corrupción en el ámbito público y privado con la consecuente desconfianza del pueblo; un aumento que parece incontrolable de la criminalidad, del narcotráfico, de la corrupción de menores, de la violencia intrafamiliar. Nuestras poblaciones viven, así, atemorizadas, inseguras.
Nos conforta el profundo sentido religioso de nuestros fieles, aunque, muchas veces, se trate de una fe más emotiva que vivencial, con notable ruptura entre fe y moral, lo cual nos interpela seriamente. Acogemos con gratitud y satisfacción el renovado compromiso de nuestros laicos, que manifiestan empeñarse más y más en el proceso de la Nueva Evangelización.
Nos unimos al gozo de los hermanos panameños que el próximo año celebrarán el primer centenario de vida republicana.
4. Con la ayuda de expertos, hemos dedicado tiempo a analizar detalladamente las graves consecuencias, especialmente en el ámbito social, del Tratado de Libre Comercio de Centro América con Estados Unidos (TLC), del Tratado de Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y del Plan Puebla Panamá (PPP). No nos oponemos, de antemano, a todo tipo de tratado o acuerdo comercial, que se proponga el desarrollo económico y social de nuestra región, pero vemos la urgencia de una mayor y verídica información y de un más amplio debate, para que los intereses económicos nunca perjudiquen a los ciudadanos y, en nuestro caso, especialmente a los campesinos, que resultarían ser los más afectados por estos tratados. Proclamamos con vehemencia que, entre el dinero y la persona, optamos por la persona, aunque esto signifique un posible retraso del progreso económico.
El desarrollo, para que tenga rostro humano, debe ser equitativo y sostenible; debe garantizar la seguridad alimentaria; debe proteger la pequeña y mediana empresa; debe respetar la identidad y el arraigo campesino en la madre tierra; debe respetar la "ecología humana" cuya base es la familia, escuela de valores.
5. El 28 de noviembre, en la Catedral Metropolitana de San Salvador, junto con los asistentes al primer encuentro continental de preparación del Congreso Americano Misionero (CAM 2) que se celebrará en Guatemala en noviembre del año próximo, hemos participado en la solemne apertura del Año Misionero que vamos a celebrar en todas nuestras Iglesias.
Tenemos la firme esperanza de que este año será una nueva oportunidad para fomentar, organizar y "vivir", en una espiritualidad de comunión, todas las fuerzas de nuestras comunidades cristianas. Vemos la urgencia de pasar de una pastoral preocupada por custodiar y mantener cuanto hasta ahora nuestras Iglesias han logrado, a una pastoral de compromiso más misionero y evangelizador, capaz inclusive, de abrirse de una manera más decidida a la misión más allá de nuestras fronteras.
El lema del Congreso, "Iglesia en América, tu vida es misión", nos recuerda que la identidad propia de la Iglesia es la misión. Esto nos lleva a asumir todos, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos, nuestro compromiso misionero, que debe llevarnos a una profunda y radical transformación de las actitudes y de las estructuras injustas que, como hemos visto, no favorecen el desarrollo humano del pueblo centroamericano.
Exhortamos a todos los fieles a vivir este Año Misionero, a semejanza de María y en sintonía con el Año del Rosario, proclamado por el Santo Padre, en actitud de escucha de la Palabra de Dios y de profunda oración.
6. Agradecemos a todos ustedes que nos hayan acompañado con su oración y con su cariño filial que tanto nos conforta, y sabemos que contamos con su incondicional disponibilidad para comprometernos juntos a favor de una Centro América más cristiana, más solidaria y fraterna.
7. Durante estos días, de intenso trabajo, nos ha acompañado la protección de María, estrella de la Evangelización, y nos ha animado el testimonio de entrega a nuestros pueblos del Santo Hermano Pedro de San José de Betancourt, de la Beata María Encarnación Rosal, de la Beata Sor María Romero y de nuestros testigos de la fe Oscar Romero y Juan Gerardi, que tanto han marcado el caminar de nuestras Iglesias.
Que María, Madre de la Esperanza y Señora del Adviento, nos anime y renueve para mantener nuestra alegría cristiana en tiempos difíciles.
Santa Tecla, La Libertad, El Salvador, 28 de noviembre de 2002.
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Mons. Álvaro Ramazzini
Obispo de San Marcos (Guatemala)
Presidente del SEDAC
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Mons. Gregorio Rosa Chávez
Obispo Auxiliar de San Salvador
Secretario del SEDAC
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El documento fue aprobado por los 44 arzobispos y obispos asistentes a la reunión.